Ciudad, amor y otras derivas cotidianas. Escritura emocional como catarsis de la vida cotidiana

«Cities have the capability of providing something for everybody, only because, and only when, they are created by everybody.» Jane Jacobs, The Death and Life of Great American Cities.

Perdón, no me dejes, por siempre, no me olvides, te quiero, son algunos de los mensajes que nos podemos encontrar cada día caminando por la ciudad; en forma de poesía urbana se nos advierte de emociones, sentimientos y afectos múltiples, que se manifiestan en rincones, paredes y mobiliario urbano.

El poema más corto: tú…, narraciones a corazón abierto esperando ser escuchadas.

Mensajes

Muchos de estos mensajes, desesperadamente emocionales, desesperadamente claros:¡Vuelve!…, apelan a mecanismos complejos, a la resolución de dramas del entorno cotidiano. La soledad, la prisa. Otros cobijan una cierta inocencia, representando una instantánea de la alegría de vivir. Pero no sólo se tratan historias personales en estos mensajes, también, a través de los afectos, se expresa en esos lugares la resistencia a la crisis actual y al sistema que la provoca.

Como señaló Borges, la ciudad es un ejercicio de reescritura permanente, y a través de esos distintos relatos superpuestos podemos descubrir el sentido que tiene el espacio urbano. Así, las inscripciones urbanas narran, desde la arquitectura y sus vacíos, las historias que tejen la existencia de personajes anónimos.

«En un diálogo permanente con sus habitantes, la ciudad se convierte en objeto para la realización de múltiples deseos; la intensidad de esos deseos y la emoción de su satisfacción son imborrables, son huellas en el inconsciente de cada uno de sus habitantes y en el colectivo de la ciudad: son su memoria.»1

El reconocimiento de una escritura emocional puede ser abordado desde la perspectiva de las relaciones, los afectos y los conflictos que se establecen entre los actores sociales y los artefactos materiales que ellos median: inscripciones, narraciones, marcas en el espacio urbano. O dicho de otro modo, a partir de esto se puede especular con que esta escritura emocional juega un papel revelador en la definición de espacios urbanos de proximidad.

 

Los espacios urbanos de proximidad: dibujar mapas de afecto

Aunque los mensajes de expresión del afecto, tan comunes a diferentes culturas, son artísticos y de elaboradas grafías en unos casos, o bien sencillas notas de tiza en otros, todos nos ayudan a constatar que el espacio urbano todavía es un lugar de convocatoria colectiva, donde la transformación es posible, aunque haya que buscar nuevas vías y maneras de actuar. Estos mensajes nos devuelven al espacio cercano de quien lo habita, a la vez que determinan un escenario de acción dentro de la ciudad, que se aleja de aquellos dispuestos por la administración para gestionar la comunidad.

Los mensajes que transfieren intimidad en un espacio público no son más que una muestra de todas las señales, trazas, conversaciones y significados que cada día se encuentran en la ciudad y que, de un modo u otro, conforman un espacio social donde cada uno seguirá su propio camino, guiado por la lectura que haga de estas inscripciones urbanas. Estos mensajes, y los espacios en los que se inscriben, conforman cartografías más cercanas y, por tanto, más reales a las personas, en contraposición a designaciones oficiales de los mismos espacios.

Investigar el proceso comunicativo que activan estos mensajes íntimos supone reconocer la importancia que estos tienen, como si se tratara de un elemento arquitectónico en la construcción de espacios comunes en el contexto urbano y las relaciones que establecen con los lectores transeúntes.

Al reconocer que estas señales definen espacios comunes se reconocen lugares íntimos, escenarios de anhelos, deseos y metas que juegan un papel primordial en la interpretación de la ciudad desde lo que se escapa al control, ya que se actúa desde el anonimato. Pero un anonimato que, en todo caso, es parte de un proceso participado y cómplice que posibilita la relación, la asociación y la reivindicación, desde la vivencia afectiva en la construcción de lugar para vivir.

¿Por qué nos importan los mensajes de afecto? Mientras las guías turísticas nos proponen ciudades como destino romántico —ciudades de luz de neón, de noches al fresco con luna y aroma de jazmín, o de paseos en góndola—, más allá de ser paraísos de idílica pasión, y habiendo perdido muchos de sus hitos identitarios, las ciudades son presas de un urbanismo agresivo, aséptico, autista y nada inspirador, expresión del sistema que lo alimenta.

La metrópoli moderna, con escenarios de gris continuo, nos la imaginamos como más cercana a los amantes descritos por Leos Carax,2 quienes se protegen ante una piedra que se hace límite y sueñan en la blandura inaprensible del agua. Son líquidos. Sensibles a la luz. Dibujan con su habitar un espacio íntimo encima del puente.

La intimidad, en el sentido de acercamiento y comunicación, necesita de unos espacios de expresión, unos espacios comunes, donde aquello mutuo pueda desarrollarse. Los cambios en el tejido social, la comercialización de espacios lúdicos, la desaparición de espacios relacionales, son factores que provocan el olvido de muchos de los que han sido puntos de encuentro para generaciones. Otros sobreviven a las transformaciones y constituyen la base de la reivindicación del espacio público como lugar de vivencia cotidiana y compartida.

La reapropiación del espacio urbano con propósito íntimo contraviene los escenarios estándar para uso público: zonas comerciales, de negocio, de trabajo, de ocio, de consumo. En la ciudad anónima el espacio es redefinido, reprogramado y hackeado por sus usuarios, generando microclimas íntimos y zonas temporales de actividad que no aspiran a ser incluidas en el mapa social homogéneo que se quiera imponer.

En estos lugares recuperados para el uso común, el uso temporal e informal del espacio responde a necesidades y hacer más humanos; su uso táctico activa acciones que generan nuevos espacios para vivir. Parques, plazas, caminos, callejones convertidos en espacios íntimos suponen cobijo y las paredes son superficies de proyección de mensajes personales que enmarcan circuitos que transgreden las ordenadas circulaciones oficiales. La reapropiación de espacios en desuso, el recuperar hábitos comunitarios y el rechazo del control, rehabilitados por la acción social informal, revitalizan los paisajes afectivos y las cartografías emocionales que en ellos se dibujan, a la vez que reconfiguran los mapas de la resistencia colectiva. «(Social) space is not a thing among other things, nor a product among other products: rather, it subsumes things produced, and encompasses their interrelationships in their coexistence and simultaneity – their (relative) order and/or (relative) disorder. It is the outcome of a sequence and set of operations, and thus cannot be reduced to the rank of a simple object.» (Lefebvre, 1990: 73).

Henry Lefebvre, en La Production de l’espace (1974), propone el espacio social como un espacio de producción que se desarrolla a partir de diferentes elementos y sus relaciones con la realidad social… lo físico (materialidad, sensualidad, afectividad), lo mental (lenguaje y sistemas de conocimientos) y el espacio de la práctica social, con relación al individuo, su realidad cotidiana y todo lo que allí se puede desarrollar: imaginación, deseos, asociaciones… Proyectos.

 

Arquitecturas de lo sensible

Ciertas arquitecturas se transforman en comunicación visual y ciertas inscripciones urbanas se transforman en arquitecturas. Es decir: así como las inscripciones urbanas replican en el plano de lo afectivo, también lo hacen en el plano arquitectónico.

Las superficies urbanas (paredes, muros, pavimentos, mobiliario, etc.) delimitan el espacio, definen y orientan los flujos y los tránsitos en la ciudad, imponen conductas y restringen o condicionan las formas de ocupar el espacio urbano, pero tácticamente, estas mismas superficies urbanas suponen del mismo modo el escenario propicio para ser intervenidas por acciones que se enfrentan a los significados simbólicos que ellas asumen.

Las paredes se planifican y construyen como parte de una estrategia de ordenamiento de la propiedad del espacio y están concebidas para funcionar como dispositivos de cierre o separación, mientras que las inscripciones urbanas, al contrario, operan como dispositivos de reapropiación del espacio urbano planificado: se suceden en los resquicios, en las espacialidades olvidadas, al margen de lo legal, en la penumbra, de forma fugaz o efímera. Por lo tanto, las paredes ofrecen un campo de lucha y de resistencia por la atención del público y la definición de los regímenes de visibilidad, lo que en última instancia son los regímenes políticos.3 

Las inscripciones urbanas, finalmente, se convierten en una marca topo-sensible4 que da cuenta de las dimensiones histórico-temporales, político-espaciales de las superficies, ya que en ellas mismas se atesora el poder y el significado del contexto en el que se inscriben. Fijadas a otras superficies, las inscripciones urbanas se asumen de otra forma, es decir, generan otros resultados; por lo que cada transposición es una reivindicación territorial diferente que se rige por el nuevo lugar.

Recapitulando, investigar las narrativas urbanas supone adentrarse en el análisis de la naturaleza del espacio social y de su transformación vinculándose directamente con los usos tácticos que se suceden, justamente, en la intersección entre el habitante y la ciudad. Se podría decir, entonces, que entre la pared y la ciudad se definen flujos y fronteras, el apoyo a los ritmos sociales y los tiempos, lo que supondría, en este caso, la existencia de lo que podríamos llamar arquitecturas de lo sensible.

La arquitectura de lo sensible nos alerta de quela vida urbana no surge solamente de sus formas edificadas, por reconocidas y monumentales que sean, sino en conjunción con una serie de acontecimientos que ocurren entre ellas. Las inscripciones urbanas crean atmósferas y hacen que los espacios se pueblen de narraciones y de acontecimientos.

Precisamente, «en esaexperiencia con el espacio narrado por esos personajes anónimos, es donde el espacio público deja de ser una simple forma física contenida entre murospara transformarse en un espacio lleno de sentidos: espacios simbólicos, donde los deseos se encuentran y se producen trueques de palabras, demiradas, de gestos.»5

 

Fotografias de Anna Recasens, Roger Huguet, Ivan Garcia y Enrique Venegas en varias ciudades (Jerez, Santiago de Chile, Antofagasta, Málaga, Barcelona, Sabadell, Roma…). Las imágenes forman parte del proyecto Intimitat Urbana // Intimidad Urbana, un proyecto de Anna Recasens desde 2005.

 

 


Notes:

  1. 1. Pérgolis, J.C. & Moreno, D. (2013). «Espacio público: narrativas y deseos». Revista nodo. Nº 14, vol. 7, año 7: 21-34. Enero-junio 2013. 

  2. 2. Los amantes del Puente Nuevo es una película francesa de 1991, dirigida por Leos Carax y con las actuaciones de Juliette Binoche y Denis Lavant. 

  3. 3. Mubi Brighenti, Andrea (2008). The wall and the city. Lo quaderno 08 Usi dei muri / Uses of walls

  4. 4. Chmielewska, Ella (2008). The wall as witness-surface or, the Reichstag graffiti and paradoxes of writing over history. Lo quaderno 08 Usi dei muri / Uses of walls

  5. 5. Pérgolis, J.C. & Moreno, D. op. cit.